La afición anduvo inmersa en un mar de sensaciones

Fue una tarde complicada de encajar para la parroquia franjiverde. Como ante el Alavés, menos de 8.000 espectadores ocuparon las butacas del Martínez Valero en lo que fue la peor entrada de la temporada. El puente y la mala dinámica no fueron buenos aliados para el equipo de Rubén Baraja, que sin embargo espoleó al respetable con una gran primera mitad. Por ello, los jugadores fueron premiados con una ovación en el ecuador del partido.

En la segunda mitad, los ánimos, como el equipo, se enfriaron. Fueron menos los «uy» y más los arrebatos de rabia. La nota negativa llegó con los pitos a Sergio León, después de que pecara de individualista en una jugada ofensiva del tramo final.

Con el pitido final, hubo descontento y silbidos por la ineficacia, que pronto se convirtieron en aplausos cuando los jugadores locales se reunieron en el centro del terreno de juego. A pesar del resultado, la afición supo reconocer el esfuerzo y buen desempeño de los suyos.

 

 

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