Madurar

Chimo Baeza ¦ 26/11/12 07:00 @chimoeneas

Madurar debe ser esto. Si en el plano personal la cosa pasa por ver cómo se va cayendo el pelo y que te apetezca quedarte leyendo en casa un sábado noche en vez de salir a quemar la ciudad, para un equipo de fútbol, madurar viene a ser saber adaptarse a cualquier situación, por adversa que esta sea, a salir airoso cuando las cosas vienen mal dadas. O, por lo menos, intentarlo. Y, visto lo visto el pasado sábado en Girona, nadie puede negar que nuestro Elche es un equipo y un líder maduro, con pocos barroquismos y excesos líricos en los últimos partidos disputados, pero práctico y efectivo a la hora de lograr su objetivo: que no era otro que derrotar a un rival directo y refrendar la condición de primero de la categoría.

Se dirá que el equipo local mereció más, puesto que contó con más ocasiones, más posesión y más pases y se podrá pensar que el juego del Elche no fue brillante, ya que se limitó a cazar su gol (habría que discutir si fue nuevamente producto de jugada a balón parado), a esperar atrás y a aguantar numantinamente por casi 90 minutos. Y así fue, como (en parte, al menos) se desarrolló también el partido de la pasada jornada ante el Alcorcón. Pero el fútbol, dicen, consiste, básicamente, en marcar un gol más que tu rival y en minimizar el daño que este te pueda causar y ahí los franjiverdes están demostrando por qué continúan como líderes tras 15 jornadas: siguen manteniendo un registro de goles encajados estratosférico (o, en este caso, abisal) y continúan rentabilizando los tantos que consiguen, venciendo en lugares, como Montilivi, donde ningún rival lo había conseguido anteriormente. En ese sentido, nadie como Powel encarna y resume de mejor manera lo que están siendo estos últimos partidos: arrastrando dudas tras su prolongada lesión y su inicio poco brillante, durante los encuentros puede parecer invisible, hasta que en el momento de la verdad se sitúa en el lugar ideal: dos toques, dos goles, seis puntos.

Queda la duda, eso sí, de descifrar quién es verdaderamente Fran Escribá. Durante los primeros partidos de la temporada se nos aparecía como un entrenador amante del toque, de la posesión, de la plasticidad y (aunque parezca contradictorio) de las salidas eléctricas y la pegada brutal. Ahora nos encontramos con un juego más parco, menos alegre, algunos dirán que puramente defensivo, pero tremendamente efectivo. Quizás, simplemente, Escribá sea un buen entrenador, uno de esos que, más allá de filosofías y principios cerrados, sabe leer exactamente qué necesita su equipo en cada momento, cambiando de registro cuando su rival le exige dicha evolución. Y, sobre todo, Escribá se está destapando como un técnico que sabe conseguir que su equipo suene igual de bien por mucho que cambie la partitura. Eso, quizás, es madurar.