Errores no forzados

 

Chimo Baeza ¦ 03/12/12 07:00 @chimoeneas

Era un partido para el 0-0, al menos eso parecía cuando ya había pasado la hora de juego. Los dos equipos se apiñaban en el centro del campo, vigilándose, sin ceder un milímetro al rival y, para desgracia del espectador imparcial (si es que eso existe), sin embarcarse en demasiadas alegrías ofensivas. Había más que perder que ganar, quizás. El Elche tenía un buen colchón de puntos respecto a la frontera que marca el play-off y podía permitirse el lujo de especular ante un rival que muchos pensábamos que ascendería sólo con mostrar su escudo. Para este Villarreal, al que le está costando un mundo arrancar en esta categoría, una derrota suponía (y ha acabado suponiendo) colocarse a nada menos que once puntos del líder. Respeto mutuo y atención al máximo, sólo interrumpidas por alguna ocasión aislada: tan aisladas, que en 60 minutos de partido, nuestro Elche sólo tiró a puerta una única vez, aparte de ese slalom de Fidel que casi lo convierte en santo súbito.

Hasta que en el minuto 71 todo cambió: Albacar tira un centro largo, Coro consigue recoger el balón, chuta, rebota en un defensa amarillo y marca el primer y único tanto. “Suerte”, pontificaban muchos comentarios que leía en twitter. Y sí, hay que tener algo de suerte para que el primer rechazo te favorezca y para que el segundo impacte en Musacchio con la fuerza exacta para despistar a Mariño y que se cuele en su portería. Pero en el fútbol hay poco espacio para la casualidad: eso queda reducido a cuestiones como que el típico topo levante un trocito de hierba en el lugar preciso o que una paloma que volaba por ahí desvíe un balón. El resto de cosas que suceden en un terreno de juego suelen ser fruto de la buena estrategia del entrenador, de la inteligencia del jugador en cuestión para elegir la mejor opción o de la pericia para saber aprovechar el error del rival. Y en eso el Elche se está convirtiendo en un verdadero maestro: como el tenista que desgasta a su oponente hasta que este, cansado, comete un error no forzado, o como el judoka que se aprovecha de la fuerza de su rival para vencerle, el equipo franjiverde esperó y esperó hasta que se coló por la única pequeña rendija que dejó desguarnecida el Villarreal. Hay que tener una pizca de suerte, claro que sí, para que el plan funcione tan bien; pero hay que ser muy buen equipo para golpear de forma tan definitiva ante un rival tan complicado y hay que tener muy buenos jugadores con el olfato tan afilado como para encontrar oro en una ocasión tan aparentemente pobre.

No se puede hablar de suerte cuando un equipo lleva ocho victorias de ocho partidos jugados en casa, ni tampoco existe el azar si se lleva un mes sin encajar un gol. Detrás de unas estadísticas tan apabullantes hay mucho oficio y mucho trabajo: los necesarios para, nada menos, tumbar al, a priori, máximo favorito para ascender aprovechando el único error que cometió. Disfrutemos mucho de este equipo y de esta racha, porque, dejando a un lado Madrid y Barça, veremos muy pocos así en las próximas temporadas.

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