¡Vaya palo lo de Pérez!

Si al final de la pasada temporada se hubiera hecho una encuesta a la hinchada del Elche en la cual se preguntara qué jugador de los cedidos era el que debía continuar un gran número de votos hubiera ido hacia Rubén Pérez. Y no lo tenía nada fácil, ya que por ahí también había un tal Botía que arrasó en su periplo, pero su regreso a la entidad franjiverde está casi imposible.

Lo del mediocentro era otra historia. Su fichaje era complicado, pero a diferencia del central, no imposible. Él deseaba echar raíces y Elche era una buena opción. Su gran temporada ha calado hondo en una afición entre la que me incluyo, por lo que es una faena verle vestir los colores de otro equipo. Rubén Pérez lo jugó casi todo el curso pasado y tan solo se vio algo eclipsado al final de temporada con la impresionante irrupción de ‘La Roca’, que tenía todo un Mundial en ciernes. En total fueron 2.717 minutos en 32 partidos (uno de ellos en Copa) en los que el astigitano demostró su calidad y potencial.

Las negociaciones con el Atleti eran complicadas y más cuando prima un dinero del cual el Elche no dispone. Y duele más verle irse a Italia, algo que aquí, en la ciudad de las palmeras, se entiende bien poco, pero sí se respeta. No queda otra que decirle adiós a uno de los pilares sobre los que se cimentó el equipo de Escribá el curso pasado y que ayudó a mantener la categoría, algo por lo que la grada del Martínez Valero le estará agracedio. Ahora, de los tres cedidos que más gustaban queda un Márquez también deseado por el Granada. Y que no se escape también.

Cisma o Albacar, bendito problema

Si echamos la vista atrás, raro era la temporada en la que dos buenos futbolistas pudieran disputarse un puesto en el once en condiciones similares y más, en la defensa. Ahora, en la travesía de Primera División, Escribá ha recuperado para la causa a un lateral que ha pasado los últimos tiempos en el ostracismo y que cuando ha vuelto, lo ha hecho con garantías. Se trata de Domingo Cisma, todo sacrificio. El zaguero volvió en Pucela a tenor de la lesión de Albacar y rindió con creces, lo que le llevó a repetir el viernes ante Osasuna y, otra vez más, cumplió.

Su despliegue sobre el campo no es un alarde de desparpajo en el ataque pero defensivamente sí es cumplidor. Ese poderío en defensa es un valor al alza en un equipo que está empezando a no encajar en exceso y ya lleva varias jornadas con el casillero a cero en el Martínez Valero. Su contrincante es el magnánimo Edu Albacar, el ídolo. El franjiverde tiene un hueco en cada uno de los corazones de los fieles hinchas del Elche y sus aportaciones a balón parado son una apuesta segura.

Defensivamente no aporta tanto como Cisma pero sí da más arriba con sus centros, golpeos de falta y penalti. Hablar de que si hubiera estado ayer sobre el tapete el Elche hubiera ganado es oportunista pero sí da cabida al debate y la reflexión. Los puntos fuertes y las carencias de uno, son justo lo contrario del otro. Cisma no tiene el carisma sobre el campo que tiene uno de los que han cogido el testigo de capitán de Generelo pero este en defensa sí que peca y, quizá, sus carencias se agrandan cuando al interior le cuesta echar una mano atrás, como ocurre con Fidel.

Sin duda, la papeleta de Fran Escribá es complicada, ya que tiene género para escoger. Se podría establecer el mismo debate en la diestra, donde Damián está algo perdido y Sapunaru, siempre lesionado, no termina de dar el paso en firme. Aún así, quién sabe, algún día el técnico valenciano podría sorprender con alguna táctica al más puro estilo Bordalás y emplear un doble lateral zurdo, que aunara las dos cosas. Soluciones de emergencia que podrían funcionar, o no.

Elche Ilicitano, vuelta a los orígenes

 

 

El Elche Ilicitano ha vuelto a una categoría de calidad, y lo ha hecho para quedarse. Su entrada en la división de bronce ha sido de notable alto. Al sargento Mir le han hecho un auténtico equipazo, digno de los colores que no defienden, porque su color es el verde intenso. Con Cristian Herrera en plan ‘superstar‘ los chicos lo están bordando en el Grupo 3, el que está considerado como uno de los más fuertes por eso de que dentro estén los clubes catalanes. No van líderes, pero se lo han propuesto. Su fútbol es práctico, no muy vistoso pero sí efectivo, pero lo que es más importante, está despertando otra vez el interés de la parroquia franjiverde.

Su irrupción el año pasado en Tercera División fue considerable y tuvo un final soñado. El éxito de este bloque ya formado está calando hondo entre la masa social del Elche CF, que se han dado cita en un Díez Iborra que desde el principio se quedó enano. La gente que acudía en masa bajo el agobiante sol a la Ciudad Deportiva tendrá premio este fin de semana con la vuelta del 2×1, ya que tras el Elche-Espanyol tendrá lugar el partido entre los dos filiales.

La historia del filial franjiverde está plagada de nombres que más tarde dieron el salto a las grandes ligas y perduraron para siempre en la memoria colectiva. Hablar del Ilicitano es hacerlo sobre una ciudad, unos valores y un sentir, el del ‘poble’. Hacía tiempo que rondaba la cabeza de muchos pero no ha encontrado respuesta. ¿Por qué el Ilicitano no juega de verde? Me gustaría saber el motivo. Este es el momento, la ocasión. El ‘Tano’ debe volver a vestir su mítica indumentaria y lucir con orgullo su verdadero escudo, que para algo se rediseñó recientemente.

No valen las excusas. Los filiales no tienen por qué jugar con la misma equipación que los mayores. Ahí está el ejemplo del Sevilla Atlético (mostrado en la foto), que va a la suya, como debe ser. La marca Puma fue la última que se atrevió a seguir mostrando los colores verdaderos del Ilicitano. Rasán y más tarde, ECF, aquella marca inventada por el propio Elche, lo intentaron pero tan solo pusieron el escudo sobre una camisola franjiverde. Nada de medias tintas, este equipo necesita la identidad y personalidad que sólo una distinción así le otorgaría. Todo ello, por no hablar de cosas como marketing y merchandising, una asignatura suspensa por el club, dado que también sería una vía más de comercialización de productos.