Un final raro

Terminó una de las temporadas más raras que conozco con un partido igual de raro. Tan raro que era prácticamente un amistoso cuando cualquiera, allá por marzo, habría apostado que sería una finalísima por la permanencia (y por ambas partes, no sólo por la nuestra). Pero gracias a un increíble sprint final tanto de Elche como del Levante (tan raro también que sería sospechoso si no estuviéramos arruinados) la cosa terminó siendo una especie de amistoso prepretemporada o postemporada (que a saber cómo se llama este tiempo muerto en el que estamos). Un amistoso, eso sí, extrañamente entretenido, pese al 0-0, con ocasiones, penaltis fallados y lamentos con Aarón.

Un broche extraño a un año que no sabría resumir en una palabra, como supongo que te dejan las buenas películas. Sólo en la última década he visto temporadas tristemente épicas, como la del play-off; felizmente épicas (pero tranquilas), como la del ascenso; anodinas como la posterior a la del play-off y felizmente épicas (pero intranquilas) como la del año pasado. La de ésta tendría que haber sido de las más felices, sobre todo por lo mal que lo pasamos hasta la primavera y las pocas perspectivas de la cosa termina moderadamente bien, pero ha terminado con un regusto amargo. O si no amargo, con un regusto de no saber cómo actuar ante la posibilidad de haber conseguido una hazaña y poder irnos a la B (sea Segunda o sea Segunda B) igual.

Dicen que después de la crisis de 2001, cada argentino se convirtió en un experto en economía y finanzas. A la fuerza y por la cuenta que les traía, supongo. Con el Elche CF llevamos camino de lo mismo: hay tantas variables en juego que uno termina por perderse. Sólo siguiendo el caso de Jonathas, que está cedido, pero igual podemos sacar algo de pasta, pero lo mismo no, podemos sacarnos un máster de negocios o de gestión deportiva. Por no hablar de todas las negociaciones con la deuda con Hacienda y demás que nos pueden certificar la salvación o nos pueden condenar.

Y en ese estado de confusión no sabe uno ni celebrar o ponerse a temblar, como muchos políticos esta noche de domingo. Y ojalá se resuelva todo pronto, porque es terrible pensar en ese último e intrascendente partido contra el Levante como un partido de despedida sin despedidas. La de Jonathas sería una baja dura, pero asumible. La de gente que lleva más tiempo en el Martínez Valero y no ha metido un solo gol sería mucho más triste.

Tensión continua

 

Se hace raro eso de ponerte a mirar un partido del Elche sin tensión, como si lo que se viera en la pantalla fuera un especial de gatos durmiendo la siesta y no un partido de nuestro equipo del alma, ese que nos hace pasear compulsivamente de pie por el salón (para los que tengan), insultar a árbitros desconocidos o simplemente llorar. A ver, a mí me gusta ganar hasta el amistoso contra el Santa Pola (o cualquiera que se haga ahora en el Pinatar Arena), pero reconozcamos que no puede ser lo mismo jugarte la permanencia (y con ella casi la supervivencia del club) que jugarte terminar el 15º o el 12º en la clasificación (cierto, había una pequeña posibilidad de entrar en Europa si ganábamos todo, pero también tengo una posibilidad de correr el Tour y no cuento con ello). El propio equipo ha salido en El Madrigal sin esa sangre en los ojos que se le ha visto en los últimos partidos (Atlético aparte), pero incluso así casi aguan la fiesta a un Villarreal mucho más necesitado.

Y a pesar de la falta de tensión (deportiva, recordemos), hay que agradecer una y otra vez a Escribá y su plantilla por la hazaña conseguida. Tras tantas semanas sufriendo, cuando muchos (yo también, lo reconozco) pensábamos que sería bastante con no terminar como colistas, en apenas media semana un par de victorias seguidas nos llevó a la calma total, con mucho tiempo por delante para analizar un triunfo tan grande.

Por suerte o por desgracia, emoción no falla casi ningún día en el club. De hecho, la verdadera noticia es que no haya ninguna mala noticia. Cuando no son firmas de actas es renovaciones no conocidas y rollos raros con los capitanes. Claro que lo que más me ha sorprendido ha sido lo de los carteles electorales de la alcaldesa con la camiseta franjiverde. Me ha sorprendido tanto que en un primer momento (y en un segundo, desconfiado que es uno) pensé que era un fake (vamos, un montaje) de los muchos que salen por internet, pero luego medios serios (o teóricamente serios) confirmaron que los carteles, aunque fugaces, existieron. Entiendo que tras haberse metido personalmente en la interna del Elche, Mercedes Alonso quiera sacar algún rédito en el asunto: uno no se mete en un enjambre si no quiere sacar algo de miel (o de jalea, que hay gente muy rara), pero podría haber sido un poco más sutil y, sobre todo, podría no intentar hacer del Elche un instrumento electoral de su partido. Porque será una simple sociedad anónima deportiva, pero también es un sentimiento de mucha gente. Y bastante tensión hemos acumulado ya como para discutir eso.

Salvados (deportivamente)

Con un poco de suerte (y últimamente parece que tenemos bastante de eso), esta semana será recordada como una de las más importantes de los últimos tiempos para el Elche. No sé si de su historia, porque han pasado muchas cosas desde 1923 y no es la primera vez que tiene que luchar a vida o muerte, pero sí de los últimos 20 años. A principios de semana salvamos esa final institucional con la marcha de Sepulcre y la llegada de Anguix y entre el miércoles y el domingo hemos resuelto matemáticamente la permanencia.

No sé qué pasará con ese plan 3.0 de Anguix, ni sé si sacará el dinero para tapar todos esos agujeros que ha dejado la anterior directiva (y que, según avanzan los días y se investiga más, se hacen cada vez más grandes). No lo sabe nadie (más que nada porque vienen semanas con negociaciones a muchas bandas) y aunque lo supiera, nunca se me han dado bien los números. Así que hoy, ya que estamos en una página de fútbol, cometeré la ironía de hablar únicamente de fútbol, que ya habrá tiempo para analizar lo institucional y lo político (que, dicho sea de paso, será muy interesante ver qué influencia en votos tiene la actuación decisiva de la alcaldesa en todo este lío).

Porque lo que ha hecho esta plantilla de fútbol ha sido increíble, excepcional, milagroso. Quizás no lo podemos asimilar del todo, en medio de tantas emociones con la directiva y porque todo ha llegado en un increíble acelerón final, pero que se haya alcanzado la salvación matemática con tres jornadas de adelanto es casi más grande que ganar una Champions. Porque hace apenas una vuelta, precisamente con el partido contra el Málaga antes del parón navideño, tocamos fondo. En Navidad no es que la permanencia fuera un sueño, es que la mayoría teníamos claro que no podíamos aspirar a otra cosa que a ser colistas y a que esta temporada se pasara lo más rápido posible para empezar de nuevo en Segunda. La plantilla estaba descompensada (lo sigue estando), muchos fichajes no rendían y no había dinero para reforzarse mientras los rivales directos se quedaban con los jugadores que estábamos siguiendo.

Pero, lejos de ponerse nervioso o de pegar un (entendible) portazo, Escribá siguió trabajando con lo poco que tenía, exprimiendo hasta el final los recursos que tenía. Y los jugadores, lejos de rendirse, fueron poco a poco mejorando y rindiendo mucho más allá de lo que se esperaba. Jonathas ha estado siempre ahí, pero la progresión de otros como Tyton, Pasalic o Adrián ha sido más que sorprendente.

Puede que no hayan ganado ningún título y puede que sea, en general, una plantilla más pobre que la del año pasado. Puede que dentro de un tiempo ya no recordemos muchos de sus nombres, como sí lo hacemos con aquellos jugadores míticos de la época dorada. Pero lo que han logrado ha sido histórico. Más todavía cuando lo han logrado de manera holgada mientras otros clubes de más renombre o que parecían salvados de sobra todavía tendrán que sufrir demasiado estas semanas que quedan.

Así que, por una vez esta temporada, toca festejar y vivir tranquilos. Que ya vendrán muchas más emociones fuertes fuera del césped.

No tenía muchas ganas

No tenía pensado ir al Calderón. No sólo porque no ando muy sobrado de dinero (y las entradas que quedaban a mitad de semana estaban por los 70 €) y porque estoy en una etapa en la que debería de estar trabajando en cada minuto de mi vida consciente (y aquí estoy, escribiendo sobre algo tan frívolo y a la vez tan importantísimo como el fútbol). Tampoco era porque son partidos generalmente sin emoción en el resultado, que es lo que le da sentido y gracia a este deporte. Uno puede ir a Vallecas (o a Getafe o a Éibar) y volver a casa con una goleada, porque el fútbol es así, pero no es algo que se prevea antes de que comience el encuentro. Pero ante equipos como Madrid, Barça o Atlético, lo normal es salir goleado. A veces hay pequeños milagros, como el empate ante los azulgrana el año pasado o la casi igualada contra los blancos que sólo evitó aquel penalti tan así de Pepe. Pero lo habitual es que, a poco que se entonen, esos equipos destrocen a cualquiera que se pone en su paso. Y por mucho que uno se prepare psicológicamente, nunca es agradable ver al equipo de uno siendo pasado por arriba. Menos cuando estás rodeado de 50.000 personas celebrándolo. Pero no, después de haber visto a Barça y Madrid metiéndonos cuatro goles en nuestras visitas, estaba más que curtido para presenciar una nueva goleada.

Si no tenía pensado ir a ver al Elche al Calderón es por ese aroma de fin de época que está recorriendo la ciudad. Cuando te ilusionas por una casi imposible salvación deportiva (y eso está por ver, dados los terribles resultados que se han combinado esta jornada), abres un periódico que te relata que el descenso administrativo es prácticamente un hecho ante la acumulación de desbarajustes económicos. Y sentir que, por muy romántico que sea lo de pensar que “éste puede ser el último partido”, el año que viene puede no haber ni club y plantearte qué estás haciendo con tu vida viajando cinco horas para ver una institución moribunda no es algo muy agradable.

Da miedo pensar qué habrá (o qué ya no quedará) en la contabilidad real del club. Que Sepulcre haya tenido infinidad de salidas honrosas (dolorosas, pero honrosas) para dejar la presidencia en los últimos meses y que aún así se aferre al cargo hace sospechar que eso tiene que estar más manga por hombro que lo que es habitualmente mi piso (a veces limpio, aclaro). Se ha dejado pasar el plan de Borja y de Tornel (a quienes no conozco, pero daban la sensación de ser los personajes más honrados de este drama) y ahora hemos llegado a una situación en la que parece que sólo queda la salida de Anguix o hundirnos.

Así que, con ese panorama, no tenía demasiada ilusión de hacer el viaje hasta Madrid. Hasta que en el último momento mi madre y buena gente a su alrededor me hicieron una oferta que no pude rechazar y me gestionaron una entrada en el palco. Así que fui, nos golearon y perdimos, pero me lo pasé bien (agradezco al club Atlético de Madrid la barra libre de vino y perritos, que ayudó enormemente en ese sentido). Sería pecar de optimista, claro, pensar que todo va a tener un final tan feliz con el club, que va a tener dos finales seguidas (este lunes y el miércoles) por causas y en terrenos muy diferentes. Pero cosas más raras se han visto. Y más en nuestra tierra.

Perder la confianza  

Hay que reconocerle al Elche que me ayude a escribir estas cosas incluso en semanas en las que lo deportivo está relativamente tranquilo. Seguimos, claro, al borde del precipicio, pero todavía sin jugar el partido de esta jornada, permanecemos como mínimo en el mismo punto que la semana pasada. No es para ir a celebrarlo a la Glorieta (aún nos queda mucho patiment), pero ya es mucho. Pero no, si la semana ha estado bien movida no ha sido por lo deportivo (que casi debería de ser lo principal en un club deportivo) y tiene mucho que ver con lo institucional. También me gustaría que no me pusieran las cosas tan fáciles, que tuviera que echar de imaginación para encontrar un tema sobre el que escribir, pero el club parece empeñado en llamar la atención y no de la mejor manera.

Hay que reconocerle a esta directiva también su habilidad para poner a todo el mundo en contra. No es fácil conseguir eso: por muy mal que uno haga las cosas, siempre suele haber alguien a su lado o alguien que, por lo menos, dude de que todo sea blanco o negro. Más complicado todavía cuando la misma gente había conseguido el objetivo deportivo por el que había soñado toda mi vida (y ya tengo unas cuantas canas), que era el ascenso a Primera (y la permanencia del año pasado). Pero el parón de los empleados (con cuerpo técnico incluido) el pasado jueves, como protesta por los retrasos en los cobros, demuestra que Sepulcre y compañía no cuentan ni siquiera con apoyo interno. Que la mayoría de las soluciones pasen por la condición de su marcha también deja las cosas claras en ese aspecto.

A mí me costó mucho desconfiar de la directiva, he de reconocer (y podéis leer comentarios míos de hace año y pico que me retratan). Antes de encender una hoguera y una caza con antorchas, siempre sospecho que la realidad es muy complicada y que no suele haber héroes y villanos. Pero Sepulcre se ha empeñado una y otra vez en hacer real ese dicho de “si me engañas una vez, la culpa es tuya; si me engañas 200 veces, la culpa es mía”.

La buena noticia es que en el pueblo la gente se empieza a mover. En realidad, ni yo ni nadie sabemos si todos los planes que se barajan (desde el de Borja hasta el de Anguix) serán suficientes y si quien se acerca lo hace con buenas intenciones o únicamente para rascar algo del club. Y de todas maneras, por mucho que hablemos de dinero, mucha parte de nuestro futuro pasa porque entre la pelota contra la Real Sociedad. Pero hay interés por mantener con vida a nuestro Elche y ésa es una gran noticia.

Aunque no es del todo cierto que nadie sepa qué va a pasar. Asegura mi madre que todo va a salir bien y que el Elche se va a salvar. Y yo a mi madre le creo en todo. Y no sólo por ser mi madre.

Sobre lo lógico

 

Somos gente racional, nos guste o no. Podemos gritar, llorar, enamorarnos y reír, pero al final siempre buscamos una razón a todo. Desde qué hago en esta ciudad hasta qué significa el emoticono que me mandó el otro día. Y en el fútbol, como parte de ese todo, también buscamos una explicación lógica para entender lo que pasa. Y como somos racionales, tendemos a pensar que los partidos siguen la secuencia de que quien juega bien (normalmente jugar bien suele ser jugar bonito) termina ganando. Pero no, todo lo contrario. La mayoría de las veces el resultado depende de pequeños detalles que decantan la balanza a un lado u otro.

Le pasó un poco al Elche este domingo contra el Córdoba. Los califales (lo siento, siempre quise escribir “los califales” en algún lado) salieron en tromba los primeros quince minutos. Quizás no eran el Barça de Guardiola, pero encerraron completamente a un Elche que no acertaba a salir de su campo, perdiendo balones a poco de cada recuperación. Luego la presión bajó y los nuestros se recompusieron. Pero lo que (casi) nadie podía esperar es que nos fuéramos al descanso con victoria gracias a un tanto que salió casi de la nada.

Por no saber, no sabemos si el primer gol fue de tiro (o parábola) directo de Albacar o si Roco llegó a peinar ligeramente el balón. En el fondo, da lo mismo, claro: lo importante es celebrar un gol, tanto si viene de un envión como si es con una suave caricia. Lo que ya no queda tan claro es cómo llegamos a esa situación, en qué momento la balanza de puso de nuestra parte cuando el comienzo del partido indicaba otra cosa.

Lo mismo, simplemente, es que éramos mejores. O, como mínimo, no tan malos. O lo mismo es que tampoco hay que buscarle mucho sentido a esto. Contra el Getafe merecimos empatar o incluso ganar por puntos (si esa cosa existe), pero terminamos perdiendo. Contra el Espanyol merecimos empatar y empatamos, pero fue casi un milagro. Total, que entre equipos tan igualados, las cosas se deciden por detalles y lo justo, lo injusto y lo lógico se diluyen completamente. Y en esos detalles, parece (al menos pasó en El Arcángel) que hemos aprendido a sacar mucho partido a las jugadas de estrategia, que a estas alturas de la temporada pueden ser la diferencia entre el bien y el mal.

En fin, que el fútbol viene a ser como la vida real, un sinfín de acontecimientos un tanto inconexos y sin sentido hasta que de repente te marcan un gol (o lo marcas tú, todo depende de la perspectiva). Para que luego digan que del fútbol no se aprende nada. Lo único que queda claro es que seguimos en la lucha, con una jornada menos, cuando en Navidad parecía que nos íbamos sin remedio al pozo. Necesitaremos muchas páginas para poder explicarlo.

 

El día de los tontos

 

El uno de abril en países como Inglaterra o Alemania se celebra el April Fool’s day, el día de los tontos. Vamos, lo que viene a ser nuestro 28 de diciembre, pero con sol (bueno, en Inglaterra andan justos de eso todo el año, así que tampoco tiene mucho sentido el cambio). Como por estas tierras no se celebra, normalmente nos cuelan como reales noticias totalmente inventadas, como que el Athletic de Bilbao está interesado en algún futbolista nacido en Newcastle y cosas así, pero parece que desde Elche están empeñados en sacar noticias para llenar no sólo un fool’s day de esos, sino una semana entera. El problema, desgraciadamente, es que lo que pasa en nuestro club sí es real.

Hace unos días, nuestro Óscar Gómez hilaba una cantidad enorme de chistes de José Mota con la actualidad del Elche de los últimos días, pero aquí lo verdaderamente trágico es que apenas tuvo que hacer mucho esfuerzo para conectar todas las frases. Estamos viviendo el “vuelva usted mañana” de Larra del siglo XIX, pero actualizado y en forma de préstamo. Ya casi que puedes imaginar a los de “Esperando a Godot” mandando a tomar por saco tanto retraso y tanta historia. El problema, claro, no es sólo el préstamo que no llega: es todas esas promesas incumplidas, esa rocambolesca historia del fondo de inversión saudí (con intermediario con causas pendientes por estafa y apropiación indebida), esas deudas que crecen más y más y esa posible sanción para el año que viene, si es que seguimos aquí. Lo peor es no saber si la gente que dirige este club lo hace por maldad o porque, como dijo el propio García Hita son unos “primaveras”. Lo peor, siguiendo con las mismas declaraciones, es no saber si es mejor que “nadie ha cogido un euro de la caja” o si “ha faltado gerencia, dirección y administración en el club”.

Lo verdaderamente jodido no es haberlo hecho mal, que eso se puede perdonar de no haber existido mala intención, sino haber hecho perder cualquier esperanza de que las cosas se vayan a solucionar. Es lo que pasa cuando te repiten una mentira una y otra vez, que la primera vez puedes ser inocente y creerla. Y la segunda puedes ser tonto y volver a creerla. Pero al final terminas desconfiando de todo.

Estos días que también han coincidido con Semana Santa también sería fácil colocar algún titular estilo “días de pasión”. Y será un topicazo, pero hemos tenido pasión y sufrimiento de sobra sin necesidad siquiera de jugar al fútbol. Ahí, precisamente, se encuentra otro de los desastres de esta directiva: que ya ni necesitamos recordar la situación deportiva para desencantarnos del proyecto. Porque con la resurrección de Jesús, como toda cuestión de fe, hay gente que cree y gente que no, pero con la resurrección del Elche cada vez se hace más difícil seguir creyendo. Y eso no es ninguna inocentada de abril.

Tiempo de recargas

Qué largos se hacen los fines de semana cuando el Elche juega el viernes (incluso para mí, que no he tenido nada parecido a un puente). Y más cuando se pierde. Y más cuando nos marcan cuatro en casa. Y más cuando el próximo partido, contra el Espanyol, con eso del parón liguero, será casi pasado el lunes de Mona. Se te queda una sensación de impotencia y de falta de ilusión, porque ya lo único que queda es esperar a que los rivales pinchen (por suerte, se han portado) y que la revancha llegue rápido. Pero se hace largo, mucho.

No tengo muy claro si nos viene bien o mal este nuevo parón de un par de semanas. A mí personalmente me entran las ansias, porque necesito que termine esta temporada de una vez para quedarme tranquilo (al menos en lo deportivo, que lo institucional va para largo), pero puede que al equipo le venga bien recargar las pilas, como dijo un jugador tras acabar el encuentro contra el Valencia.

Puede que sí, que nos venga bien esta pequeña pretemporada antes de la recta final (ya sabéis, ahora “cada partido es una final” y muchos serán “partidos de seis puntos”), sobre todo por la sensación de bajón de los últimos encuentros, en los que nos han metido siete goles y no hemos anotado ninguno. Pero es una sensación algo engañosa: si Madrid y Barça son el Tourmalet, Sevilla y Valencia, los últimos rivales, son como Navacerrada. No serán tan duros, pero pocos equipos en España y en Europa pueden batirlos ahora que han engrasado la máquina.

Contra el Valencia también se vio que lo de las distancias que se van abriendo en la liga no es sólo cosa de Madrid y Barça, sino que hay una clase media que empieza a ser inalcanzable para los que luchan por la permanencia. El Elche lo intentó, se defendió lo mejor que pudo y hasta jugó con criterio cuando tenía el balón ante el Valencia, pero la sensación de que los de naranja podían marcar en cualquier momento planeó todo el rato. Fue una lástima que el primero llegara tras una serie de catastróficas desdichas, porque, como se preveía, a partir de ahí se desarmó todo y ya no hubo respuesta posible. Demasiadas diferencias, por mucho que la afición che cantara “herculano el que no bote”.

Toca esperar a rivales más asequibles y no morir de la ansiedad mientras tanto. Va a ser muy, muy difícil, pero no imposible. Un primer paso, por ejemplo, será esperar que Enzo Roco haya gastado todo su mal karma este viernes: el pobre no se merece todo lo malo que le pasó contra el Valencia. Como tampoco la afición se merece todo lo que está viviendo con el club este año.

Seguimos vivos

Nos han caído tres en la visita a Sevilla y no es el fin del mundo y esa es la gran noticia. Seguimos en la cuerda floja, claro, a apenas un partido de caer en el pozo (bueno, dependiendo de lo que digan finalmente los señores de la LFP sobre la sanción del Almería), pero con una jornada más y tras visitar uno de los campos más difíciles de Primera. Sufriremos la próxima semana contra el Valencia, por supuesto, pero llegando a la fase final de la competición no estamos tan mal: que se lo pregunten al Córdoba o a un Eibar que parece que sin Albentosa no sabe puntuar.

Nunca, en 17 partidos, habíamos ganado en el Pizjuán (y eso que debe de ser el estadio más parecido en arquitectura a nuestro Martínez Valero) y no tenía pinta de que lo íbamos a conseguir esta vez, ahora que nuestro rival parece que se ha tomado una estrellita de esas del SuperMario y le sale todo, en España y en Europa. En la última media hora del primer tiempo el Sevilla ha bordado un fútbol brutal, con una intensidad y unos recursos que pocos equipos pueden ofrecer. Ahí han llegado los dos primeros goles y ahí se ha decantado el partido definitivamente. Al Sevilla le gusta jugar así, a oleadas de inspiración y energía, como cuando te metes un litro de horchata en vena (no lo intentéis, ya os digo que no es sano), y uno de esos arreones ha sido demasiado para el Elche.

Tampoco es para rasgarse las vestiduras. No es que perder sea lo normal, pero sí era lo más probable atendiendo únicamente a las dos plantillas. Cuando el goleador Bacca ha salido del campo le ha sustituido Kevin Gameiro, un tipo que además de tener uno de los nombres más molones de la historia, es un gran delantero que también se ha llevado su golito. En el banquillo se han quedado Aspas y Deulofeu, dos jugadores que como mínimo pueden suponer la salvación para un club, y el tipo más inspirado de las últimas semanas, Vitolo, ni siquiera estaba en la convocatoria. No es ninguna excusa, pero son cosas que suelen marcar la diferencia.

Lo mejor del partido es que pese a llevar una desventaja de 2-0 al descanso, el Elche no ha bajado los brazos y, contra todo pronóstico, ha puesto contra las cuerdas a su rival. No ha sido un acoso y derribo, pero no habría sido raro anotar un tanto que podría haber dado otro final al encuentro. Más que un lavado de imagen por vergüenza torera, ha sido un pequeño golpe en la mesa para dejar claro que todavía seguíamos vivos. Como todavía seguimos vivos en la liga, que no es poco.

Una mala semana

Lo mejor de la semana es que todavía no hemos jugado contra el Celta y seguimos, como mínimo, un punto por encima del descenso. Hay que agradecer a Córdoba, Granada y Levante que sigan empeñados en poner emoción a la lucha por el descenso y a otros como el Eibar, que parece que quiere alcanzar al Elche a toda velocidad (en el sentido contrario, claro). Y eso ya es mucho teniendo en cuenta que visitamos el estadio de un buen rival sin Jonathas, que viene a ser como ir a la gala de los Oscar en chandal.

Pero aparte de ese dato (que no es poca cosa, teniendo en cuenta que ha pasado una jornada más), ha sido una mala semana para el club. Horrible para la imagen de una directiva que ha recibido una amarilla muy seria (casi, casi roja) por parte de la Liga por su desbordante imaginación contable y que se enfrenta a nada menos que a una inhabilitación. Algo así como que te digan “estás haciendo cosas tan raras, que mejor retírate un rato”: alguna vez nos lo han dicho a mis amigos y a mí en algún bar, pero esto es algo más serio.

Yo no sé qué líos habrá habido en los números del club estos últimos años. No he visto ni un papel, ni de los públicos, ni de los oscuros. Y aunque los tuviera todos, posiblemente no los entendería, que la última vez que hice una suma fue para contar los cromos de la liga del 90/91. Puede, por qué no, que en un giro inesperadísimo de los acontecimientos, Sepulcre y su gente tengan razón: que todas las cuentas son demostrables y que la contabilidad no estaba cerrada cuando se realizó la evaluación de la Liga. Sería raro, porque hasta ellos mismos reconocen que han hecho gastos más allá del presupuesto para conseguir la permanencia, pero todo puede ser.

Pero es muy raro que ya no sean sólo los directivos críticos (que, obviamente, tienen muchas cuentas pendientes) ni la afición (que ya se sap la gent cóm és) los que piden que Sepulcre se vaya muy lejos. Ya es la propia LFP, a la que teóricamente no le importa mucho quién sea nuestro presidente, la que está diciendo públicamente que las cuentas no cuadran y que la transparencia “hasta cierto punto” es bastante oscura.

Quién nos iba a decir que en marzo las cuentas que menos nos preocuparían serían las de puntos en la clasificación.